I Ching: La puerta de la sabiduría

El I Ching, libro de las “mutaciones” o de las “transformaciones”, es el más extraño de los libros que ha producido cualquiera de las civilizaciones que hayan existido o existentes. No por su mensaje, sino por las características de su composición; originalmente no era un libro.

No apareció como un “escrito”, no estaba compuesto por palabas sino por dos signos simples: una línea continua y una línea descontinua. Se constituyo a partir de las diversas combinaciones que permiten estas dos líneas y no como el enunciado de un discurso. No posee lengua propia, no existe código a descifrar, no transcribe nada, ni pensamiento ni aspiración a ser. Su sentido surge del juego de sus figuras (hexagramas): de sus efectos de oposición y de correlación, de sus posibilidades de transformación. Transmite unos arquetipos fundamentales, tal vez de una mente extendida filogenética, que genera una(s) cosmovisión(es). Todo arquetipo es un símbolo; entre lo real y el individuo se encuentra un tercer mundo (simbólico) que trasmite una realidad psíquica que no es objetiva, ni subjetiva. Una mediación entre lo invisible con lo visible.
No obstante, esto que no es ni parece un libro ha constituido el texto fundamental de una gran civilización, la única milenaria.

A pesar de sus orígenes el I Ching acabo constituyéndose como libro, a partir de los comentarios y las interpretaciones. Convirtiéndose es un libro oracular y a la vez sapiencial. Para entrar en él debemos abandonar el edificio de la ontología (del yo: identidad civil) y entrar en el camino de la “Vía” (Tao). Confucio fue llamado “el sabio”, porque carecía de prejuicios, es decir de ideas, y por eso mismo mantenía la mente disponible, permanentemente abierta a todo. Ir al encuentro del I Ching es experimentar otra inteligibilidad, no tanto en sus contenidos como en sus modos de elaboración.

En nuestras coordenadas culturales, la primera traducción rigurosa, fue la del sinólogo alemán Richard Wilhelm, publicado con un prólogo de C. G. Jung, y en tres libros en el año 1956. Con los comentarios de Confucio se convirtió en obra canónica. En los milenios posteriores fue inmensa la exegesis. Tal vez las más significativas fueron la de Wang Bi en el siglo III de nuestra era y posteriormente la de Wang Fuzhi del siglo XVII, que son implementadas en nuestra propuesta profesional, incluyendo al Proyecto del I Ching de Eranos (1989-2002); que contempla al I Ching como una configuración de arquetipos básicos, una hoja de ruta al reino que C. G. Jung denomino “inconsciente colectivo”, y Henry Corbin “mundus imaginalis”

SERVICOS OFRECIDOS

  • Acompañamiento: Acompañar es ofrecer recursos en un viaje desde el presente al futuro, de la mano del magnetismo que emana de los hexagramas y trigramas del I Ching.
  • Todo cambia, todo está cambiando: La vida es un perpetuo avanzar en el tiempo, y gracias al I Ching se puede anticipar la dirección de los irrefrenables movimientos del cambio y actuar en concordancia con ello. Se orienta en direccionar las actuaciones de las concordancias indicadas
  • El oráculo de los hexagramas: Permite que una persona puede observar su situación en su totalidad reflejada en el hexagrama que elige mediante un método de elección al azar. Se guía el proceso del método de predicción.
  • Meditación del I Ching: Los “sabios” chinos, a través de la meditación dieron significado a los hexagramas. Por ello, se consultaba con la ayuda de un “sabio”, alguien que se había dedicado a su estudio. También existía otra forma de sumergirse en el I Ching y era convertirlo en la guía espiritual de por vida.
  • Proyecto Eranos del I Ching: Se realiza una lectura de sus arquetipos, para potenciar la emergencia de significados transformativos y sanadores. Convirtiéndose el oráculo en una herramienta de introspección y transformación